David Gudiño es uno de los dramaturgos más destacados de la provincia de Tierra del Fuego y tal vez, el que mayor visibilidad ha tenido en los medios masivos de comunicación y redes sociales, por sus publicaciones en Instagram y su participación en publicidades y series de Netflix. David ha trabajado fuertemente para que se abran todas las puertas teatrales para autores y autoras que se animan a decir que “Argentina no es blanca”.
Su último texto: “Mala madre” forma parte de la colección El País Teatral del instituto Nacional del Teatro y lleva por subtítulo “Diario íntimo público”, y ya se encuentra disponible para lectura on line y descarga directa desde la web del Instituto Nacional del Teatro. ACCEDÉ AL LIBRO DESDE ACÁ.
Vale leer la nota de autor que se presenta en el libro, ya que David, sencillamente explica los deseos y preguntas que envuelven su dramaturgia.
NOTA DE UN AUTOR MARRÓN
Al momento de saber que esta obra podrá ser leída por más personas que las que la han agarrado para estudiarla para ensayos, pienso que dos aspectos merecen ser comentados: el primero tiene que ver con el deseo y el segundo con la/s pregunta/s central/es de esta dramaturgia.
El deseo
La obra que se edita en este libro está incluida en la saga que llevamos adelante en Tierra de Teatro, la primera sala de teatro independiente de Río Grande, Tierra del Fuego, que lleva 14 años de actividad. Desde hace mucho que su dueña, directora, que ha sido mi maestra teatral, Corina Amilcar, venía pensando “¿Cómo hacemos para producir historias/relatos propios?” Primero fue un acercamiento a dramaturgas y dramaturgos patagónicos, pero había un deseo de una dramaturgia propia del espacio y de quienes integramos el equipo de Tierra de Teatro.
Así fue como en el 2019 estrenamos la primera obra de la saga Relatos de Río Grande, relatos de Tierra del Fuego. Ya son 4 las obras estrenadas de esta saga. En el 2019 fue 25 Inviernos, en 2020 Las del sur, en 2021 Las averiadas y en el 2022 Mala madre: diario íntimo público. La obra Blizzard fue estrenada en formato virtual en el marco del concurso Nuestro Teatro, del Teatro Nacional Cervantes. En un principio fue pensada para esta saga, así que también podemos considerarla hija de este proyecto. Las obras todas tienen un mismo objetivo: ofrecer un campo simbólico para la identidad fueguina. ¿Cómo se construye una identidad en un territorio donde se arrasó con la vida de los pueblos indígenas? ¿Cómo se construye una identidad en un territorio al cual llegaron y llegan a vivir constantemente personas de todas las demás provincias argentinas y países limítrofes? El teatro parece ser —al menos para nosotros y nosotras— una posibilidad de pensar una identidad fueguina. ¿Cuáles son los mitos de este territorio? ¿Cuáles son las preocupaciones y sueños de sus habitantes? ¿Cuáles son los silencios? y ¿cuáles son los desafíos?
El teatro aparece entonces como una posibilidad de ofrecer un campo simbólico para la construcción de una identidad fueguina y, más específicamente, de Río Grande. Mucho se habla de Ushuaia. En los medios de la centralidad del país es habitual que se dé la temperatura de Ushuaia, pero no la de Río Grande, ni mucho menos la de Tolhuin ¿Alguien sabe que hoy en Río Grande viven cerca de cien mil personas? Si en el tablero de ajedrez de Tierra del Fuego Ushuaia es la reina, ¿qué pieza es Río Grande? Ciudad de estepa patagónica cubierta de coirón, con dos aviones que salen por día, si no hay niebla, con calles sin basura, pues el viento se lleva todo, y con fábricas ensambladoras de celulares y televisores para todo el país. ¿Qué tiene Río Grande para ofrecer a sus habitantes? ¿Por qué deciden vivir allí? Si no tiene los turistas de Ushuaia, si no tiene un puerto, ni las montañas y glaciares. ¿Por qué año a año Río Grande sigue creciendo? La saga Relatos de Río Grande, relatos de Tierra del Fuego es nuestro deseo de que al momento de que vecinos y vecinas puedan pensar/se en Río Grande, encuentren una imagen posible de lo que significa habitar el sur argentino.
La pregunta
Es sabido que estamos en un momento en donde todos los aspectos relacionados con la mujer los estamos pudiendo repensar y la maternidad se encuentra dentro de este proceso. En mi caso, cuando era adolescente, siempre fui muy crítico de mi madre. Me molestaba que no hubiera terminado la secundaria, me molestaba que no manejara, me molestaba o sentía vergüenza de que limpiara casas como trabajo. ¿Por qué yo me sentía libre para criticar a mi madre y no a mi padre? ¿Es la figura materna más criticable que la paterna? Creo que la respuesta está bastante expuesta, pero dejo la pregunta por si todavía queda algún despistado.
Cuando comencé a pensar la dramaturgia de la obra me llegaron dos relatos sobre apropiación ilegal de bebés en democracia. Es decir, no de hijos/nietos de desaparecidos, sino de mujeres que, por circunstancias económicas/sociales, se vieron obligadas a dejar a sus hijos en situaciones ilegales ¿Es una deuda de la democracia brindar justicia a los hijos e hijas apropiados ilegalmente en estos últimos 40 años? ¿De qué sector social provienen estas mujeres? ¿De qué sector social son las familias que buscan adoptar hijos en la ilegalidad? ¿Qué pasa hoy con las mujeres y varones adultos que buscan su familia de origen? ¿Cómo se les está brindando escucha y contención?
Cuando tenía 15 años, en Río Grande ocurrió un suceso del cual en los pasillos de la escuela secundaria todos hablábamos. Se comentaba que un grupo de varones había mantenido relaciones sexuales con una estudiante en el baño de un colegio católico, todos compañeros de colegio, chicos que tenían mi edad. Recuerdo cómo entre compañeros nos reíamos de la situación, sin entenderla, sin tener noción de lo que significaba el consentimiento, ni mucho menos pensar en la re victimización y violencia sobre la persona de la cual se hablaba. Lo que estoy tratando de decir es que socialmente y seguro mucho por culpa de mi padre, de otros varones a mi alrededor y del propio sistema social, aprendí a ser machista. Mala madre: diario íntimo público es mi pedido de disculpas a mi madre por no darme cuenta de que había un chip en mí que decía “A tu madre criticarás, a tu padre venerarás”. Mala madre es una pregunta a todas las obras que hablan sobre la mujer escritas por varones ¿Dónde están los varones en esta obra? ¿Dónde estoy/estuve yo en todo este círculo de violencia patriarcal? ¿Que hice o dejé de hacer para que la violencia y la injusticia cesara sobre mi madre? Espero algún día escribir la obra Mal padre. Si no, también dejo la idea acá. Que alguien la haga.
Un cierre
Como autor marrón, indígena, antirracista, traté de blanquearme mucho tiempo y por eso es importante para mí expresarlo. Quiero manifestar el honor que resulta para mí que se edite una obra mía en este organismo estatal. Cuando tenía 15 años aprendí a llenar formularios para acceder a subsidios que me permitieron pensar que hacer teatro no solo era una actividad interesante, sino que podía ser un trabajo profesional. Esperaba con ansias la revista “Picadero”, cuyos números llegaban todos juntos una vez al año a Tierra del Fuego, pero llegaban. Gracias a esas publicaciones conocí el trabajo de Paco en Córdoba, de Edith Gazzaniga y al Grupo Andar, de La Pampa. Este organismo me dio, a mis 17 años, una beca para ir al Festival Internacional del Mercosur, en el cual pude ver actuar a César Brie y a Cristina Banegas. Lo que quiero decir es que, en mi recorrido teatral, el Instituto Nacional del Teatro ha sido no solo un gran apoyo al trabajo, sino también una esperanza de que algo de lo que tenía para decir o contar podía ser considerado. Es que Jean Paul Sartre ya lo insinuó en el prólogo de Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon: “los que estaban en la cocina de la historia pasaron al frente para construir su propio relato”. Que se abran todas las puertas teatrales para autores y autoras que nos animamos a decir “aquí estamos: Argentina no es blanca”.
FUENTE: Prensa Instituto Nacional del Teatro.




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