Gregorio Rodríguez nació en Godoy Cruz, Mendoza, pero se crió en un pueblito al norte de San Luis, Carpintería: “ me siento carpinterense” le confiesa al público que llegó a la sala de Onírico Sur a escucharlo por primera vez en Ushuaia: “no es mi primera vez en Ushuaia, he visitado la ciudad, es mi primera vez tocando”, explicó Gregorio al contar de su experiencia con la ciudad.
“Creo que hay un conjuro increíble en el encuentro con gente nueva y en la música y en las artes en general, así que bien, porque creo que se armó, que se creó ese rito, ese ritual necesario sucedió”.
Al inicio del concierto, compartía que la música es su universo: “creo que no que no hay nada más, es el espíritu desnudo ahí, el alma desnuda, a la vista de todes. Creo
que hacer teatro, hacer música, hacer pintura, hacer danzas, es como traducir, tratar de traer a este mundo terrenal el lenguaje del espíritu, la forma más parecida que tenemos para traerlo a este plano”.
El escenario poblado por un sillón, una mesa pequeña con algunos objetos: un portaretrato, una copa, un abanico. Apoyada en un costado de la mesa, una valija
desgastada, y al lado del sillón, un perchero, con un abrigo de piel colgado como a la espera de abrigar a su dueño. Con ese entorno Gregorio canta canciones que hablan de todo un poco: “yo me siento muy comprometido a nivel político, también con el arte, creo que el arte es absolutamente político y que es re necesario manifestar y decir, cantar un poco la
posta”, la sala de Onírico lo condiciona intimista, entonces confiesa que: “quizás ahora, en este espacio más de profundidad nos entregamos a eso, mis canciones hablan del espíritu, pero también hablan de la realidad, de lo que vive la gente, de lo que veo, de lo que me pasa, de lo que veo que les pasa a los demás. Entonces, tienen que ver un poco con lo interno, pero también está lo terrenal, y la realidad ahí manifestándose”.
Gregorio, de su pueblo adoptivo se fue a Córdoba a estudiar composición Musical, y comenzó a viajar por Latinoamérica: “siempre con la guitarra bajo el brazo, siempre me ha dado de comer el instrumento y sigue siendo así”.
Gregorio Rodríguez pasó por Ushuaia en la sala Onírico Sur con la idea de establecer un vínculo único e irrepetible: “apostando a seguir viviendo del arte”.
FUENTE: Compañía de Teatro Onírico Sur.




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