Silvia Mellado, primer Premio Storni de Poesía: “La lengua mapuche está viva”
La poeta oriunda de Zapala, Neuquén, fue la principal ganadora del primer Premio Storni de Poesía por «Cantos Limayos», un libro surgido a la vera del río Limay.

Una poesía que desborda las páginas de los libros, que se lee y se escucha a viva voz. Así es la obra de la zapalina Silvia Mellado, primer lugar en el Premio Storni de Poesía, organizado por primera vez por el Centro Cultural Kirchner. La porteña Daniela Aguinsky y la entrerriana María Belén Zavallo, obtuvieron por su parte el segundo y tercer lugar.

Influenciada por la vida en la Patagonia, Mellado obtuvo la distinción por su libro Cantos Limayos. El jurado –compuesto por la barilochense Graciela Cros, el bonaerense Osvaldo Bossi y la santafesina Estela Figueroa– remarcó en su poética “la precisión de la lengua que, entregada a las distintas formas del paisaje, nos ofrece la visión de otro mundo, que es éste. Por momentos, se acerca a la poesía oriental, tal es el distanciamiento y la precisión de las imágenes, donde el yo se confunde con el paisaje”.

Silvia nació en Zapala, Neuquén, en 1977. Es poeta, docente e investigadora de la Universidad Nacional del Comahue y doctora en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba. En su obra desarrolla una escritura personal que combina con su actividad como investigadora y se retraolimenta con su intervención en espectáculos o performances colectivas, que son a la vez multidisciplinarias.

Su primer libro fue Celuloide (2009), publicado como parte de la colección Chicas de Bolsillo de la Universidad Nacional de La Plata, donde estudiaba su carrera de grado. La colección tuvo el impulso de la poeta María Eugenia López y el diseño de Erica Medina. Después vinieron Acetato(2009), Moneda nacional (2012), Pantano seco (2014) y La ficción de la poesía (2019), además de la inclusión en varias antologías nacionales y del extranjero.

Entre sus muchas publicaciones sobre literatura se encuentra La morada incómoda. Estudios sobre poesía mapuche: Elicura Chihuailaf y Liliana Ancalao (2014); los capítulos Redes de escritores del siglo XX en Patagonia: Centro de escritores patagónicos (2016), Las voces del sur: el espejo de las lenguas (2016), y los artículos Lenguas kuñifal: pasajes entre el mapuchezungun y el castellano en Elicura Chihuailaf, Liliana Ancalao y Adriana Paredes Pinda (2014); Notas sobre Coirón (2014) y Bordes, lindes y transacciones en la poesía del sur: aproximaciones a Los fronterantes de Ariel Williams (2014). Es que su interés por la lengua del pueblo mapuche es otro aspecto que resalta tanto en su trabajo poético como científico.

-¿Cuál es la principal diferencia entre Cantos Limayos y tus libros de poesía anteriores?

-El proceso de escritura fue distinto. La mayoría de los poemas de Cantos Limayos están escritos entre 2019 y 2020 y están más anclados en la contemplación. Hay una presencia del río Limay, de ciertos árboles, es decir, de la naturaleza. Y esa presencia le da una continuidad al libro. Por otro lado, fue mucho más meditado. Estuvo acompañado por un proceso más introspectivo. También hubo un trabajo bastante exhaustivo de corrección, sobre todo en la semana previa a enviarlo al concurso. Fue casi un trabajo de poda, diría. Los poemas quedaron mucho más breves de lo que eran en los primeros borradores.

-¿»Limayo» es un juego de palabras?

-En efecto, la palabra Limayo es una palabra inventada que reúne el río Limay y el nombre de mi papá. Cuando empecé a pensar en el título de libro, caí en la cuenta que muchos de esos poemas habían surgido a partir de unas caminatas por la ribera del Limay y que muchas de esas caminatas fueron parte de un duelo que transité por la muerte de Pelayo, mi papá, que falleció en 2019. Y también una de las cuestiones que se me reveló ya cerrando el libro es que la Catalpa, uno de los árboles con mucha presencia en estos textos, simboliza el hogar paterno en la antigua china. Lo descubrí por casualidad, leyendo un diccionario de símbolos.

-El jurado comparó Cantos Limayos con la poesía oriental. ¿Se puede hablar del paisaje patagónico y a la vez ser una autora universal?

-Esta respuesta me resulta muy compleja. En primer lugar, pienso en el sentido común que tenemos sobre “lo universal”. Cuando aparece está dicotomía Patagonia-universalidad me preguntó por los valores que ponemos en la idea de lo universal y si aún posee esa cualidad de borrar diferencias. O, si solo la idea de nombrar algo como universal, no nos debería siempre hacer patente todas aquellas exclusiones que encierra. Por eso, me atrevo a decir hoy, ahora, que si mi poesía es considerada universal, me gustaría que lo fuese en tanto posee  particularidades como cualquier otra.

No considero que el paisaje patagónico sea a priori una condición para la poesía que se escribe en esta región. Tampoco, y por experiencia, que sea lo mismo nacer en tal o cual parte. Me parece que sí existe un condicionamiento que podríamos llamar geopolítico, pero esto no lo digo desde una dolorida conciencia del relego, y acá cito a Ángel Rama cuando habla de los modernistas. Lo digo desde una experiencia de maneras distintas de hacer poesía. Tal vez por eso, esa dicotomía que suele aparecer entre lo patagónico y lo universal me parece que da para complejizarla, siempre que se hace presente.

-Uno de los objetos de estudio que abordás como investigadora es el mapuzugun que, a la vez, utilizás en algunos de tus poemas del libro. ¿De dónde viene ese interés?

-Cuando me preguntan si hay posibles de relación entre mi trabajo como investigadora CONICET y la poesía que escribo contesto que sí, que definitivamente hay una interrelación. Ambas escrituras salen por la misma boca. No puedo hacer un hiato entre lo que reflexiono, encuentro, leo y los poemas que luego surgen. Muchas veces algún poema sale disparado de alguna lectura en torno a la literatura que estudio y, a veces, los poemas me devuelven vínculos con esas reflexiones. Muchas cosas de las que estamos discutiendo, pensando en el Centro Patagónico de Estudios Latinoamericanos aparecen en los poemas y, como digo, no siempre es deliberado.

Respecto del mapuzugun, el interés específico por aprender algo de la lengua y la cultura mapuche surge a partir de la lectura de la poesía de Liliana Ancalao para una tesis doctoral sobre Poesía y Narrativa Breve escrita en Patagonia argentina, dirigida y acompañada por Laura Polastri en el Centro Patagónico de Estudios Latinoamericanos.

Desde 2011, hasta ahora soy estudiante, concurro a talleres en la Universidad Nacional del Comhaue y otros que se dictaron en el Centro de Educación Mapuce «Norgvbamtuleayiñ». Lo hago con profundo respeto. Sentí la necesidad de intercalar preguntas básicas que aprendemos en los talleres -que son cómo te llamas, cuántos años tenés- en unos poemas donde hay un diálogo con un árbol y que están en una zona del poemario donde aparece la memoria del lugar y del genocidio del pueblo mapuche-tehuelche. Esa decisión es tanto estética como política. Me parece que la lengua mapuche está viva, presente en la toponimia, en la memoria de muchas personas, tanto en quienes la hablan como en quienes no la hablan fluidamente y escuchan palabras sueltas en su familia, en la manera nombrar.

Tenemos todavía que escuchar mucho y aprender de su cosmovisión, de su manera de entender la vida toda. Me pasa en estos talleres que me asombro continuamente de palabras que son en sí mismas tan poéticas, que tienen esa hermosura de imágenes y sonidos que nos permiten acercanos a ella como lo hacía, por ejemplo, (José María) Arguedas con la palabra «zumbayllu» en Los ríos profundos. Lo hago desde allí, con un profundo respeto. Y ojalá en algún momento sea finalmente una lengua oficial en la provincia, como se viene pidiendo hace tiempo para que se pueda aprender en las carreras de Letras de la universidad.

-¿Cómo fue la experiencia de los espectáculos colectivos de poesía que organizaba Macky Corbalán?

-Los espectáculos de poesía sucedieron alrededor de 2010 por impulso de Macky, que convocó poetas amigos. La idea era explorar puestas en escena en torno a lo poético alejadas de la lectura típica de poesía en una mesa. Participaron varios poetas y artistas de otras disciplinas como Raúl Mansilla, Gerardo Burton, Pablo Iglesias, Ángela Jerez, Oscar Cares, Pastelitos Punk, Verónica Padín. Esa experiencia para mí fue muy rica porque allí pude explorar más la puesta en voz de la poesía, la posibilidad de crear en conjunto. Remarco esa posibilidad que tuvimos quienes recién estábamos incursionando en escribir. Lo escuché mucho a Rául Mansilla. Su manera de leer cambió algo en mi manera de pensar los poemas.

-Decís en una entrevista que te sentís más parte de una comunidad poética que de una tradición poética. ¿Por qué?

-En esa entrevista, una charla con Gerardo Burton quien, por otra parte, tuvo mucho que ver en Cantos Limayos, me refería a una lectura de Macky Corbalán en la que hablaba, entre otras cosas, de su opción/elección por las circulaciones mínimas, por la manera de transitar encuentros de poetas que, en Patagonia, generan puentes, construyen crítica y memoria.

La creencia en las comunidades poéticas antes que en la tradición poética, decía Macky. Pienso que los espectáculos de poesía que hicimos constatan eso. Poetas como Raúl Mansilla, Burton, Ángela Jerez y la misma Macky –que habían generado editoriales, encuentros binacionales, talleres y que sus poéticas, en efecto, son importante para nosotras– se juntan con quienes habíamos publicado algún que otro libro y, lejos de posturas magisteriales, se genera ese puente, esa memoria. Lo mismo pasa en algunos encuentros, en las maneras de intercambiar, en las charlas.

-¿Qué significa para vos Alfonsina Storni?

-Creo que Alfonsina es una de las “Mostras de la poesía”, como dice el potente proyecto podcast de Inés Kreplak. Además, me pasa con ella, que me seduce mucho la manera con la que me llegó. Por supuesto cuando transité la universidad la estudiamos como parte de un canon, pero a mí me queda mucho más la Alfonsina que circula por fuera de la universidad. Esa poeta de la que podía hablar o decir algo la mayoría de las personas. Esa imagen de poetisa más que de poeta, de mujer luchadora que decía de un modo particular. Me gusta pensar esa figura, ese imaginario de Alfonsina.

Tres poemas en Cantos Limayos

  1. ¿Qué cuentan en tus aguas  
    Limay 
    tu pedrería 
    la distancia 
    esos frutales huachos 
    que todavía aguantan? 
  2. En los sueños, el manto calcáreo maternal florece,
    el canal se ensucia,
    nadie abre las compuertas,
    y el pozo, como boca convaleciente, se seca.No hay verde que aguante
    sin la nostalgia de la luz que quema
    y tiñe de marrón claro pedregullo.
  3. Y en la mañana desconfiás más que nunca
    del tropo la metáfora.

    No existe ningún centro
    no sos la de mirada inusitada ni menos
    la ungida por el rayo de la imagen.

    Las hojas de la catalpa parecen trozos de cuero
    sobre el suelo,
    pieles curtidas separadas del cuerpo,
    retazos de tela marrón esperando el tropezón o la pisada.

    No es por el otoño que te das cuenta,
    no es la comparación la que te lo explica,
    ya dijiste
    desconfiás del tropo la metáfora
    y de esa falsa distinción de las poetas.

     

Foto portada: Mauro Pérez.

FUENTE: Ministerio de Cultura de la Nación.


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