En la memoria de quienes hoy trabajamos en el campo cultural, está grabada a fuego aquella vez que dijimos que queríamos bailar, escribir, tocar un instrumento, pintar, actuar, hacer cine y los adultos responsables nos preguntaron: “y de qué vas a vivir”.

Desde siempre esa es la experiencia de quienes trabajamos como artistas, gestores, emprendedores, técnicos, productores o cualquier disciplina ligada al arte, a la cultura. Se ha naturalizado el: “y de que vivís”.

En estos tiempos de pandemia, cuando se jerarquizan los oficios y las profesiones, entre las esenciales y las que no lo son, podemos caer en el error de discriminar también a las personas. Confundir,  lo esencial de un trabajo  por la crisis de salud en la que estamos inmersos, con las necesidades esenciales en los seres humanos.

Hay que detener el juicio fácil y poner al mismo nivel de sujeto vulnerable en esta crisis a todos… a todos. No hay diferencia humana entre un transportista y un músico, entre un albañil y un escritor, entre un  cajero de supermercado y un pintor. No hay diferencia en las necesidades básicas humanas que necesitan ser satisfechas.

Los trabajadores de la cultura en estos días, de un lento pero profundo deterioro y transformación de nuestros consumos culturales, han dejado sus practicas, sus producciones. Han sido los primeros en tener que abandonar los escenarios, los espacios de ensayos, los encuentros de producción. Esta crisis a puesto de manifiesto lo precario de ese mundo laboral, lo informal de sus contrataciones, la terrible fragilidad, casi como la fragilidad de una barca de papel en medio de un río tormentoso.

La  Red Fueguina para la Cultura presentó hace un mes, el 13 de julio por mesa de entrada en la Legislatura Provincial el pedido de sanción de una ley que declare la Emergencia Cultural. Su integrantes han comenzado un proceso de militancia para que la Emergencia Cultural sea ley.

Los encuentros con actores de diferentes sectores de la política y del área de Cultural de la Provincia evidenciaron la necesidad de un censo provincial, un censo que cuantifique y ponga en papeles una estadística clara del estado de un sector muy informal, que a la hora de acceder a ciertas ayudas que se están proponiendo, se les dificulta la certificación de esos trabajos que realizan en el campo cultural.

Esta crisis actúa como una gran zaranda que deja al descubierto los años de descuido, de abandono de un sector que podría ser el motor de una profunda transformación social, aportando valor simbólico a una sostenibilidad económica, tal como sucede  en muchas ciudades del mundo.

Desde la Red Fueguina, este grupo de trabajadores de la cultura con profunda convicción piden que se declare la Emergencia Cultural y que sea ley, ya que toda medida de “pequeños subsidios” serán sólo “pequeños paliativos”.

En una semana de censo los datos comenzaron a mostrar que, aproximadamente el 23% de los trabajadores de la cultura están bajo la línea de pobreza. El censo continuará hasta fin del mes de agosto, allí se cerrará y se realizará la estadística final: “es necesario que todos lo hagan, no importa si tienen o no trabajo, si pueden o no cubrir sus gastos. El censo trasciende la crisis, es una herramienta que permitirá pensar en las transformaciones más profundas” expresaron desde la Red.

Una ley brindará herramientas para pensar en un fondo para el desarrollo de las culturas que permita la capacitación de los trabajadores, la producción de sus obras, el equipamiento de los artistas, la circulación de las obras.

Una ley permitirá pensar en la cultura como política de estado, permitirá pensar y construir  un ente autárquico que cuente con presupuesto propio.

¿Esto es utópico? Si tal vez.

¿Para que sirve la utopía? Le preguntaron a Fernando Birri, en una charla que daban con Eduardo Galeano. Fernando contestó: “La utopía está en el horizonte, yo se muy bien que nunca la  alcanzaré, que si yo camino diez pasos ella se alejará diez pasos. Cuanto más la busque menos la encontraré, porque ella se va alejando en la medida que yo me acerco”. A esta respuesta de Birri, Eduardo Galeano agregó: “La utopía sirve para eso… para caminar”.

 

“Emergencia Cultural” ¡Que sea ley!


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