El latido ancestral en la ciudad más austral

Vecinos, vecinas y organizaciones culturales se unieron en el Paseo de las Rosas para rendir tributo a la Madre Tierra en una jornada que entrelazó la milenaria cosmovisión andina con el calor del tejido social de Ushuaia.

En el extremo sur del continente, las raíces profundas de América Latina encuentran un refugio vibrante. Este 1° de agosto, el Paseo de las Rosas de Ushuaia se transformó en el escenario de un profundo reencuentro con la naturaleza. Impulsada por la organización Ushuaia-Manta, con el acompañamiento de la Secretaría de Políticas Ambientales, Culturales y Educativas de la Municipalidad de Ushuaia y el SUTEF , la comunidad celebró una nueva edición de la tradicional ceremonia de agradecimiento a la Pachamama.

Lejos de ser una postal, el ritual se vivió como un acto de profunda comunión colectiva. Familias enteras se acercaron para depositar ofrendas de gratitud en forma de semillas, frutos y alimentos naturales, devolviéndole

simbólicamente a la tierra parte de lo que cotidianamente nos regala.

«Nos encontramos junto a los vecinos y vecinas a ser parte de esta nueva ceremonia milenaria donde agradecemos y tributamos a la Madre Tierra, de todo lo que recibimos a diario… las familias andinas siempre han celebrado este día puertas adentro, pero hoy compartimos esta ceremonia con la comunidad de Ushuaia», expresó el licenciado Daniel Flores, coordinador de Ushuaia-Manta.

Más allá de las fronteras: El origen de una devoción milenaria

La celebración del Día de la Pachamama, que se conmemora cada primer día de agosto en la Argentina y diversos países de Latinoamérica, hunde sus raíces en las comunidades agrícolas originarias. Para pueblos como los quechuas, aimaras y mapuches —así como para las civilizaciones del antiguo imperio incaico en países como Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú—, la Pachamama representa una deidad femenina suprema.

El término conjuga dos conceptos fundamentales de su cosmovisión:

  • Pacha: Universo, mundo, espacio y tiempo.

  • Mama: La figura materna nutricia.

Esta fecha marca originariamente el inicio del ciclo agrícola, un momento clave en el calendario ancestral en el que las comunidades velan por la fertilidad del suelo, el buen clima y la salud de los animales y cosechas. El rito se materializa cavando un pozo en la tierra para «darle de comer» a la Madre Tierra, acompañado de sahumerios, rezos y ofrendas en altares. En Ushuaia, ese espíritu comunitario se replicó con éxito, coronando la ceremonia con un refrigerio compartido y presentaciones musicales de diversos grupos artísticos que llenaron de arte y alegría la jornada.

La caña con ruda: El ritual de la salud y el buen augurio

Junto al tributo a la tierra, el 1° de agosto trae consigo una de las tradiciones más populares y extendidas del país: beber caña con ruda. Originaria de los pueblos guaraníes del noreste argentino (como Corrientes y Misiones), esta costumbre se ha arraigado en múltiples regiones como un escudo protector contra las malas energías, la envidia y los maleficios, atrayendo al mismo tiempo la salud y la buena suerte para el ciclo que comienza.

Claves del ritual tradicional:

  • La preparación: Consiste en mezclar caña blanca (aguardiente) con hojas de ruda en una botella. La preparación debe reposar en un lugar fresco y oscuro, idealmente desde la noche anterior.

  • El momento: Se bebe tradicionalmente al despertar el 1° de agosto y en ayunas.

  • La dosis: Puede consumirse en tres sorbos, siete sorbos o un trago largo.

  • Las palabras sagradas: Al finalizar, la tradición indica pronunciar la expresión «kusiya, kusiya», cuyo significado ancestral es «ayúdame, ayúdame».

La cultura como puente de identidad

El evento realizado en Ushuaia demuestra que las tradiciones no son piezas de museo, sino organismos vivos que se adaptan, se comparten y se fortalecen a través del trabajo comunitario. Gracias a la labor articulada de espacios como Ushuaia-Manta y el respaldo institucional, el respeto por la naturaleza y la memoria de los pueblos originarios encuentran un hogar fértil incluso en el Fin del Mundo, recordándonos que, sin importar la latitud, todos somos parte de la misma tierra.

FUENTE: Ushuaia-Manta

PRODUCCIÓN; La Mirada.


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