Frente a una realidad que mide todo en resultados y descarte, la nueva versión de la obra de Sergio Martínez —protagonizada por Mónica Díaz en el Teatro del Hain— propone un homenaje a la belleza y una discusión política profunda sobre la marginalidad como elección.
El teatro independiente tiene esa capacidad única de mostrar la efervescencia sobre las verdades consolidadas. No se trata solo de entretener, sino de, como bien define el director y dramaturgo Sergio Martínez, «mover el avispero». Este sábado, el Teatro del Hain se convierte en el escenario de ese movimiento con el reestreno de Amor Vitraux, una obra que regresa a la escena local bajo una nueva piel, una nueva subjetividad y un compromiso político que interpela de forma directa el tejido social actual.
La obra, que ya había tenido una elogiada versión dirigida por Gabriela Bernieri, vuelve a las tablas bajo la dirección de su propio autor. Lejos de clausurar el sentido, este retorno plantea un diálogo abierto con su propio pasado. Martínez asume el reto desde la madurez artística: cada director tiene su propio texto dando vueltas en la cabeza y esta nueva puesta es el resultado de múltiples variables temporales, afectivas y estéticas. La propuesta invita al público no a una repetición, sino a un ejercicio de memoria y comparación crítica.
La marginalidad como trinchera y decisión
El núcleo conceptual de Amor Vitraux esquiva los lugares comunes de la compasión bienpensante. Aquí, el eje no es la marginalidad padecida como una mera fatalidad económica, sino entendida y habitada como una decisión existencial. En un mundo obsesionado con la productividad, el éxito material y la velocidad del consumo, la obra propone detener la mirada en aquellos cuerpos y relatos que deciden correrse del centro.
«Esta obra intenta que miremos al costado y veamos a una persona que está decidiendo estar al margen de un montón de cosas y que tiene valores de belleza, de justicia y de memoria. Habla de una realidad en donde no puede ser descartado nadie», explica Martínez.
Ahí radica el corazón político de la puesta. El texto funciona como una resistencia frente a la «cultura del descarte». Frente a la macroeconomía y los grandes relatos del éxito, Amor Vitraux levanta una bandera por lo minúsculo, por los detalles que no entran en el tablero de resultados del mercado. Utilizando una certera metáfora futbolística, el director recuerda que el juego no se reduce a la jugada del gol; la vida, como el arte, late en esas jugadas menores que muchas veces no se desarrollan, pero que sostienen la totalidad de la experiencia humana. Un país grande, sugiere la obra, se construye justamente ahí: reconociendo y resguardando lo menor.
Mónica Díaz: La corporalidad de la pasión
Para encarnar una propuesta de tanta densidad conceptual, el trabajo interpretativo requería una entrega que superara lo formal. La responsabilidad recae sobre Mónica Díaz, quien tras un extenso proceso de ensayo —que transitó las distancias de la virtualidad hasta consolidarse en la intensidad del cuerpo a cuerpo presencial— logra una composición que el propio Martínez no duda en calificar de «maravillosa».
Habiendo dirigido el texto en cinco oportunidades previas, la mirada del director sobre su actriz es rigurosa pero celebratoria:
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Logro emocional: Un viaje hacia las zonas más complejas de la sensibilidad del personaje.
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Compromiso personal: La puesta no le es ajena a la intérprete; se nota su propia densidad biográfica y conceptual en la escena.
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Pasión: Una entrega que transforma el unipersonal en un acontecimiento magnético para el espectador.
El resultado es un trabajo que conmueve y que, sobre todo, desarma los prejuicios cotidianos. Al espectador se le ofrece, en primera instancia, un homenaje a la belleza. Una belleza disidente, claro, que habita en las texturas de los vitrales rotos, en las memorias de los rincones olvidados y en la dignidad de quien elige su propia forma de vivir, por más alejada que esté de la norma común.
Ficha de la Función
Amor Vitraux se presenta en una geografía teatral clave para la memoria colectiva de la región, consolidando los espacios autogestivos como los verdaderos faros de la resistencia cultural.
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Fecha y hora: Sábado 6 de junio a las 20:00 hs.
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Lugar: Teatro del Hain (12 de octubre 1013).
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Marco: Ciclo de Unipersonales “Berberís”.
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Entradas: Disponibles por berberis.eventbrite.com / 2901 50 1564
FUENTE: Grupo Concertado Mónica Diaz/Sergio Martinez.
PRODUCCIÓN: La Mirada.




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