Hoy no es un día cualquiera. Se cumplen 50 años de aquel 24 de marzo de 1976, una fecha que quedó marcada a fuego en nuestra historia. Es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, y aunque haya pasado medio siglo, el ejercicio de recordar sigue siendo la herramienta más poderosa que tenemos para no perder el rumbo.

¿Por qué seguimos recordando?

A veces escuchamos que «hay que mirar para adelante», y es cierto. Pero para caminar firmes, primero hay que saber dónde estamos parados. Recordar el golpe de Estado, el terrorismo de Estado y a los 30.000 desaparecidos no es quedarse estancado en el dolor. Al contrario, es «prender la luz» para que la oscuridad de las detenciones ilegales y la falta de libertad no vuelvan «Nunca Más».

Como sociedad, tenemos heridas que todavía duelen, que nos han traumado como sujetos y comunidad. Y las heridas no cierran si se ignoran; cierran cuando se limpian con la Verdad y se curan con la Justicia. Solo así, reconociendo lo que nos pasó, podemos sanar de verdad.

Tres palabras que son nuestra brújula

Para que lo entendamos simple, sin vueltas:

  • Memoria: Es nuestra identidad. Es saber quiénes somos y qué cosas no queremos repetir jamás.

  • Verdad: Es el derecho a saber qué pasó realmente. Es la base para que volvamos a confiar los unos en los otros.

  • Justicia: Es la garantía de que vivimos en un país con reglas, donde el respeto a la vida es sagrado y nadie está por encima de la ley.

El futuro que nos merecemos

Hacer memoria también es soñar. Porque cuando decimos «Nunca Más», no solo nos referimos a la violencia, sino también al hambre, a la desigualdad y a la falta de oportunidades. El gran desafío que tenemos por delante es transformar ese respeto por los derechos humanos en una realidad cotidiana. Que nuestro país sea nuestro hogar y no un territorio inhóspito y cruel.

Soñamos con una Argentina que se apoye en derechos fundamentales: La Independencia Económica, para que nuestro trabajo rinda y podamos decidir nuestro destino sin depender de nadie de afuera. La Soberanía Política, para que las decisiones importantes se tomen acá, pensando siempre en nuestra gente y la Justicia Social, Para que el progreso no sea para unos pocos, sino un puente que nos incluya a todos, especialmente a los que más les cuesta, porque no les cuesta porque quieren, porque se lo merecen: les cuesta porque lo traumático producido por la falta de pan, de trabajo, de salud los ha atravesado dejándolos vulnerables sin herramientas.

Unirnos para construir

La verdadera enseñanza de estos 50 años es que no hay país posible si estamos peleados entre nosotros. Si recurrimos a cualquier recurso para avergonzarnos, humillarnos y marcar diferencias entre nosotros. El respeto y la unión nacional son las llaves para que ese futuro de justicia y libertad deje de ser un deseo y se convierta en nuestra realidad.

Honrar nuestra historia es, sobre todo, cuidar el presente y trabajar juntos por un mañana mejor.

PRODUCCIÓN: La Mirada.


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