Hay lluvias que no mojan, sino que bautizan. Este domingo 4 de enero, el Paseo de los Artesanos de Ushuaia no fue solo un punto en el mapa; fue un refugio de resistencia. Bajo una persistente lluvia, la comunidad fueguina se volvió a abrazar para recordarnos algo fundamental: no estamos solos, somos la voz de la Tierra que se defiende.

Se cumplieron tres años de ese rito ininterrumpido que son los «Atlanticazos» cada día 4, pero también celebramos siete años de un tejido que empezó a urdirse en 2019. Lo que nació como una reacción necesaria contra el extractivismo, hoy es una familia diversa de pueblos originarios, asambleas, científicos y vecinos que entendieron que la única salida es colectiva.

El fuego de los ancestros y el perfume del bosque

El encuentro abrió con la palabra de Víctor Vargas Filgueira, del pueblo Yagan. Sus palabras fueron un recordatorio de que esta lucha no empezó ayer; es una posta que recibimos de los antiguos y que tenemos el deber de cuidar. En esa misma sintonía, Mónica Alvarado (referente del Bosque Yatana) nos trajo la medicina del bosque. Con el humo del copal y un sahumado compartido, nos invitó a mirarnos a los ojos y reconocer que el poder de la vida nos acompaña en cada paso.

Mónica mostró una canasta de junco tejida por la Abuela Cristina Calderón. Ese objeto no era solo artesanía; era un símbolo. Como esos juncos entrelazados, así somos nosotros: si nos mantenemos unidos, somos indestructibles. El mensaje fue claro: para cuidar el territorio, primero tenemos que cuidarnos entre nosotros, los militantes, porque somos la herramienta de cambio de la Pachamama.

Voces que son puente

La música también fue trinchera. Desde Córdoba llegó Dany para sumar su arte, mientras que Laion le puso el ritmo del rap a la urgencia de las nuevas generaciones. Es emocionante ver cómo los pibes toman la posta y le dicen al mundo que el mar y los glaciares no se tocan.

La palabra circuló como el mate, con las voces de Nancy Fernández, Hugo Iglesias, Federico García, Adrian Mollo, Alejandro Fábrega y Sabrina Salazar. Allí estaban todos: la Asociación Mane’kenk, Ambiente en Lucha, la Asamblea de la Comunidad Costera, los Pescadores Artesanales, los Sikurys Wiñaypaj, Ushuaia-Manta, la Fundación Cultivar y la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UNTDF. Una verdadera red que demuestra que, cuando el objetivo es la vida, las diferencias se vuelven puentes.

Tres banderas, un solo grito

En este 2026, nuestras banderas siguen más firmes que nunca:

  1. Canal Beagle sin salmoneras: Defendemos a capa y espada la Ley Provincial 1355. No vamos a permitir que ensucien nuestro canal.

  2. La Ley de Glaciares no se toca: El agua dulce es nuestra vida y no está en negociación frente a ningún lobby.

  3. Atlanticazos: Ratificamos nuestra unión con la Red de Comunidades Costeras. Lo que pasa en el mar nos afecta a todos, desde Jujuy hasta la Antártida.

El cierre fue una explosión de alegría rebelde con la Murga Estrellas del Sur, los Sikurys Wiñaypaj y el retumbe profundo del Colectivo Afrofueguino. Porque se puede bailar defendiendo lo que es nuestro.

El encuentro dejó el deseo de seguir confiando. «Destruir para vivir» es la mentira que nos quieren vender, pero cada uno de los participantes propusieron otro modo de habitar. Señalaron que estamos acá para sostener un territorio donde el extractivismo no sea la regla. Somos el rezo de la madre tierra, y ella nunca nos va a soltar la mano.

FUENTE: Agrupación Multisectorial

PRODUCCIÓN: La Mirada.


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