Álvaro Elías partió a sus 16 años de su pueblo natal, Aguachica, en la zona del Cezar, en el caribe colombiano, al norte norte de Colombia y se fue a vivir a Bogotá, al altiplano cundiboyacense, a 2600 metros sobre el nivel del mar: “realmente mi primer momento migratorio sucede ahí” señala el actor, dramaturgo y productor, Álvaro Elías, y explica que: “cuando yo llego a estudiar arte escénicas en la Academia Superior de Artes de Bogotá, muy ortodoxa, de la cual estoy muy agradecido por la formación, sin embargo fue muy, muy dura la forma técnica vocal con la que yo lidié, porque a toda costa mi acento caribeño no era funcional para el actor que querían ellos formar”.
Su formación actoral tuvo el doble de exigencia que sus compañeras y compañeros ya que: “todo el tiempo estaba pensando en decir todas las letras, en pronunciar las ‘eses’, en no hablar tan rápido para que se me entienda, así fueron 4 años en la Universidad, muy intensos”.
El Mono bello surge: “como un acto de rebeldía, es un acto de ir en contra de un estatus quo, el Mono bello es el hecho creativo que a mí me dio la posibilidad de reencontrarme y todo esto surge como casi tesis de la Universidad”.
Cuando le llega el momento de realizar su trabajo Álvaro tiene la posibilidad de escoger el material con el que quería trabajar: “escribo este texto y dentro de la Academia… había un docente que hacía de tutor que, realmente terminó siendo un director, porque además él fue el que me incentivó y me apoyó para que yo tuviera este acto de rebeldía de hacer un personaje caribeño, con una dramaturgia propia y con una idiosincrasia a todo vapor… así nace el Mono bello”.
Sobre la temática de la obra, Álvaro cuenta que se establecen dos ejes o polos centrales, el primero: “es la disputa que existe en Colombia, pero que además es casi global, pensando también en los españoles con todas sus dificultades, la disputa entre regiones, entre los cachacos y los costeños” y explica: “los cachacos son aquellos habitantes del altiplano cundiboyacense de Bogotá donde está la capital colombiana y el Caribe es la costa. Lo curioso es que, para la gente de Bogotá, costeño es todo
aquel que no sea casi de Bogotá y para allá arriba en el norte y para los que están en el norte, en el Caribe, todo aquel que no esté en las capitales, en esta ciudad, en estos pueblos, cerca del mar son cachacos”.
Entonces, Álvaro destaca que: “yo nací en un pueblo, de esos que están en medio de la nada, pero realmente me he identificado con la región del Caribe más costeño… para mí la disputa es estúpida… hay una parte en la que el personaje dice: el hambre cachaco es igual al hambre costeño… no hay diferencia”.
El segundo eje que estructura el relato es la identidad: “lo tomo desde ese lugar donde se mira más lo de afuera que lo de adentro, eso que a mí me hicieron anular mi acento, eso que mi corporeidad caribeña en Bogotá sonaba muy fuerte, hacía mucho ruido, mis modismos pueblerinos en la capital; todo eso hizo que yo tomara la decisión de hacer este espectáculo que tiene un registro bastante tragicómico, fatalista, el personaje es muy fatalista, pero está conllevado por estos dos polos. Hay
una necesidad, también, de contar y decir que no entiendo por qué la disputa entre regiones y también lo amplifico un poco más a toda Latinoamérica, somos una gran región para mí, es mi idea, como latinoamericanista que me considero”.
La segunda experiencia migratoria de Álvaro Elías ocurrió hace seis años cuando llegó a Buenos Aires para cursar una maestría en Estudios en Teatro y Cine Latinoamericano y Argentino en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
“Sí… lo agradezco, porque me permitió salir de mi lugar de comodidad y de confort en Colombia. En Colombia estaba en el nicho teatral, con mucho, con mucho ímpetu, pero solo como actor, actuando mucho, escribiendo mi poesía, escribiendo mis textos, pero por ahí muy tranquilo y cuando vengo a Buenos Aires, a esta maestría, la necesidad de hacer me empujó a dirigir lo que yo escribía, entonces ahí apareció otro aspecto de mi carrera artística”.
Asimismo, descubre que la investigación académica teórica sin praxis no es su fortaleza: “no me veo con un perfil de investigador… no como un investigador teórico… la obra que estoy trabajando ahora, justamente habla del tema de mi fracaso como investigador teórico, pero yo concibo la praxis misma de la creación de un espectáculo teatral, como una investigación”.
Ahora el Mono bello después de 11 años de circular por diferentes ciudades, ha recorrido 10.329 km para llegar a Tierra del Fuego: “traerla a Ushuaia era un sueño, era un gesto poético, porque el universo de este espectáculo sucede en el norte norte, lo más norte que tiene Sudamérica, traerlo a lo más sur sur que tiene el mismo continente, me parece un hecho de alta relevancia”.
Ale Ruiz, es la productora del “Mono bello”, y es la encargada de los contactos, la responsable de gestionar la logística necesaria para que el espectáculo suceda, ella contó como llegan a Ushuaia: “la decisión, primero, fue venir a conocer Ushuaia y conocer Ushuaia significaba traer el Mono bello con todo lo emblemático que es para nosotros”. Con un modelo de producción
autogestiva y con el apoyo del “Festival Refrescante” el “Mono bello” llega al Teatro Onírico Sur de Ushuaia invitando a: “un viaje por las rutas calurosas del norte de Colombia. Este personaje guerrero y camellador (trabajador), busca el sustento diario para sobrevivir, viajando por todo el desierto de la costa atlántica colombiana. Él es raíz, tierra mojada, autenticidad y juglar del pueblo. Un personaje único, que no desaprovecha momento para denunciar injusticias; inconforme y conforme con su manera de vivir. Es un personaje que pese al fatalismo de su vida, no deja de reír y sacarle provecho a sus experiencias de vida”.
La cita es este domingo 4 de junio a las 19:00 en el Teatro Onírico Sur del centro, en San Martín 788, las reservas son al 2901 498490.
FUENTE: Compañía Onírico Sur.
PRODUCCIÓN: La mirada.




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