En el corazón de la Cooperativa Renacer, allí donde el metal y la autogestión conviven, la comunidad de Ushuaia se reunió para ejercitar el «músculo de la memoria». Una jornada que unió el rigor documental, el debate político y la catarsis artística para revisitar las cicatrices de 1995.
La memoria no es un archivo estático ni un anaquel cubierto de polvo; es un músculo que se ejercita en el presente para no perder el rumbo en el futuro. Bajo esa premisa, el pasado sábado 18 de abril, Ushuaia dejó de lado la postal turística para mirarse al espejo de su propia historia. A tres décadas y un año de los sucesos que marcaron a fuego la identidad obrera de Tierra del Fuego, la jornada «La Rebelión del Fin del Mundo» transformó el recuerdo del conflicto en una celebración de la resistencia.
El escenario no fue azaroso. La Cooperativa Renacer (ex Aurora), bastión de la lucha por el trabajo y la dignidad, abrió sus puertas en Perito Moreno 2063. Allí, entre las máquinas que simbolizan la permanencia, el equipo de “La Historia del camino” —coordinado por Lautaro Brest y Julián Lakich— logró amalgamar lenguajes diversos para narrar lo inenarrable.
El asombro del espejo: La imagen y la palabra
La apertura estuvo marcada por la proyección del documental “Semana Santa del ‘95”, dirigido por Juan Pablo Lattanzi y producido por la UNTDF. Para los protagonistas de aquella gesta, el film fue un viaje visceral a las emociones de la barricada. Para las nuevas generaciones, fue el asombro: ver en las calles que transitan a diario imágenes de una virulencia social que, hasta entonces, solo parecían pertenecer a los informativos de las grandes ciudades.
“Se logró vincular desde distintos lenguajes lo que sucedió en abril del ’95”, señalaron desde la organización, destacando un clima de escucha casi litúrgico entre los asistentes.
El análisis crítico llegó de la mano de Raúl Nieto, autor de la obra fundamental “Semana Santa del ‘95: Resistencia – Represión – Resistencia”. En un conversatorio que no esquivó la incomodidad, Nieto recordó el «estado de locura general» y el enojo colectivo de una ciudad sitiada.
La paradoja del poder y la herida abierta
Sin embargo, la jornada también habilitó el espacio para la pregunta incómoda que aún flota en el viento del sur: la impunidad política. El relato histórico se vuelve complejo al recordar que, tras el dolor y la represión, la justicia solo alcanzó a dos «chivos expiatorios»: el entonces Ministro de Gobierno, Fulvio Baschera, y el policía Félix Polo.
Mientras tanto, el responsable político máximo, el Gobernador José Arturo Estabillo, lograba poco después un
triunfo electoral aplastante con el 57.99% de los votos. Ese enigma sociológico —cómo el verdugo es reelecto por el mismo pueblo que reprimió— quedó latente como un campo de estudio pendiente para la madurez democrática de la provincia.
Mística y resistencia sonora
El arte, como lenguaje que llega donde la política se detiene, fue el encargado de cerrar la noche. Facu Armas y el joven Joaquín Gonzales aportaron la cuota de emoción acústica. “Es emocionante estar en esta fábrica recuperada, que de algún modo es fruto de aquellos años de dolor”, manifestaron, tendiendo un puente generacional entre los protagonistas del 95 y los jóvenes de 30 años que hoy recogen la posta.
El cierre, a cargo de la banda Verão, funcionó como la banda sonora necesaria para una noche de
reivindicación, mientras el artista Maxi López estuvo a cargo sueltas de estampas de Eugenia Gráfica, que materializaban el reclamo en arte gráfico con la imagen de Víctor Choque.
En un contexto global de relatos fragmentados y amnesias programadas, eventos como La Rebelión del Fin del Mundo funcionan como un pegamento social indispensable. Fue, en definitiva, un recordatorio de que la historia de Tierra del Fuego no la escribieron los decretos, sino la fuerza de su gente, resistiendo en la última frontera del continente.
FUENTE: La Historia en el Camino.
PRODUCCIÓN: La Mirada.




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