El reconocido cantor rionegrino falleció ayer, 28 de diciembre, en Buenos Aires a los 74 años. Desde su explosión en «Grandes Valores del Tango» hasta su consagración como referente nacional, dejó una huella imborrable en la música ciudadana.

El mundo del tango amaneció hoy con una noticia que enluta las milongas y los escenarios porteños: el fallecimiento de Ricardo «Chiqui» Pereyra. A los 74 años, el intérprete que supo combinar la sensibilidad del barrio con una potencia vocal inigualable, se despidió de la ciudad que lo adoptó como uno de sus hijos dilectos.

De General Roca al estrellato nacional

Nacido el 26 de junio de 1951 en General Roca, Río Negro, Pereyra no tardó en demostrar que su destino estaba ligado al 2×4. Sin embargo, su consagración definitiva llegaría en 1978. Aquel año, el programa televisivo Grandes Valores del Tango se convirtió en la plataforma que lo reveló como una de las apariciones más luminosas de la música ciudadana en décadas.

Con una interpretación honesta y un carisma que conectaba de inmediato con el público, el «Chiqui» no solo se ganó un lugar en el podio de los cantores, sino que se convirtió en un puente fundamental para que las nuevas generaciones redescubrieran el género sin que este perdiera su esencia más pura.

Una trayectoria marcada por la excelencia

A lo largo de su prolífica carrera, Pereyra construyó un legado que hoy forma parte del patrimonio cultural de la Argentina:

  • Discografía: Grabó más de una docena de discos, colaborando con las orquestas más prestigiosas del país.

  • Presencia mediática: Fue figura central en ciclos emblemáticos como Botica de Tango, donde su estampa se volvió habitual en los hogares argentinos.

  • Cine y Premios: Su talento trascendió lo musical, participando en films como Buenos Aires Tango. En 2007, su trayectoria fue reconocida con el prestigioso Premio Santos Vega.

El último adiós de la Cultura nacional

Desde la Secretaría de Cultura de la Nación emitieron un comunicado lamentando la pérdida y destacando su «compromiso con nuestra música». Según el organismo, Pereyra dejó una «huella imborrable», definiéndolo como un artista que honró el género en cada escenario que pisó.

«Su aporte artístico forma parte del patrimonio vivo que nos identifica como nación», expresaron las autoridades, sumándose al dolor de sus familiares, colegas y de toda la comunidad tanguera que hoy despide a un intérprete cuya voz seguirá resonando en cada rincón de Buenos Aires.


Legado: Ricardo «Chiqui» Pereyra no solo cantaba tangos; los vivía. Su partida deja un vacío difícil de llenar, pero sus grabaciones quedan como testimonio de una época donde la voz y el sentimiento marchaban a un mismo compás.


FUENTE: Prensa Cultura Nación.

PRODUCCIÓN: La Mirada.


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